Les
contaré lo que paso.
Llegó la temible época para mí, como cada año… Navidad y entonces en la oficina mis amigas decidieron, como cada año, que hiciéramos intercambio de regalos. La decisión fue escribir 3 opciones en los papelitos con nuestro nombre.
Llegó la temible época para mí, como cada año… Navidad y entonces en la oficina mis amigas decidieron, como cada año, que hiciéramos intercambio de regalos. La decisión fue escribir 3 opciones en los papelitos con nuestro nombre.
¿Cuándo,
cómo o porqué se me ocurrió escribir “Cincuenta sombras de Grey” en el mío? Yo
no quería leer ese libro y en realidad el único motivo era porque tooooodas las
mujeres, todas y cada una de las mujeres que me rodeaban, tanto en la vida real
como en las redes sociales, todas estaban loquitas por ese libro.
Y
yo, queridos míos, no soy “todas” ya había sufrido las consecuencias del
rechazo que “Twilight” provocó y no pensaba experimentar nuevamente esa
sensación de tener que aparentar valemadrismo (otro término que está en lista
de espera para entrar a la RAE) por las intensas críticas que reciben este tipo
de historias vacías, huecas y extremadamente adictivas al sentido femenino.
Como
sea, creo que la curiosidad me picó (jajaja que tonta XD) y por eso lo pedí.
Llegó
la fecha de la cena navideña, pero para esto una de mis mejores amigas estaba
embarazada y tenía su incapacidad por maternidad y justo unos días antes se
puso delicada y entonces no podía salir y bla bla bla… total que la fecha de la
cena se cambio. Y llegó Enero, llegó mi cumple, pasó Febrero y el horrible día
de los enamorados, luego regresó mi amiga con la baby más divina del mundo y
los cambios en el trabajo y pasó Marzo y llegamos hasta Abril y entonces, sí,
solo entonces a una de mis amigas se le ocurrió preguntar “¿Y el intercambio
navideño?”
Como
el drama reinaba en la oficina nos fue imposible ponernos de acuerdo para salir
a cenar, así que decidimos hacer un intercambio de primavera con una deliciosa
comida del sushi más cercano.
Y
sí, ahí estaba yo en la noche con mi regalo de navidad. Envoltorio de arboles y
copos en la basura y yo con un libro “de mamá porno” en mis manos.
La
amiga que me lo dio me dijo “lo vas a devorar en días, comprarás el segundo y
harás lo mismo y no pararas hasta terminar el tercero”
Sí,
profecía cumplida… bueno… a medias realmente. El libro uno, el del regalo, se
fue como agua. Y odie a la maldita Anastasia Steele por suertuda y débil y ñoña
y llorona y en fin… ¿Qué esperar de un fanfiction de Twilight? Porqué eso es
Cincuenta Sombras, un fanfiction.
Obvio
ya había adquirido el segundo libro y comencé a leer, pero más lento porque…
bueno… quería prolongar la “tortura” de conocer la historia de Christian “bizcocho
inexistente y totalmente inventado, porque ningún hombre es así de
enfermizamente posesivo/adorable en la vida real” Grey.
¿Acaso
detecto una conducta BDSM Tonic?
Así
es, como todo lo que me obsesiona debía investigar más sobre el tema. Lo mismo
ocurrió con los vampiros, las brujas, los ángeles, el reinado francés, el
reinado inglés, las profecías del fin del mundo, las pinturas de Da Vinci,
Caravaggio y Rafael, el hinduismo, la religión, el budismo, los días santos, el
día de muertos, la cultura otaku, Italia, Almodóvar, las técnicas de
maquillaje, la bisutería, la cerámica y tantas y tantas y taaaaantas tonterías
que me he puesto a investigar.
Y
entonces… ¿salí corriendo?
Baci,
GinTonic


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