Pídeme lo quieras…
Vale pues no suena mal si tienes
sobre ti un adonis desnudo dispuesto a complacerte ¿cierto chicas?
Eso es lo que vende Megan Maxwell
con su aportación a todo este boom que ha provocado la “no tan mal vista ya”
literatura erótica.
Pero si debo ser franca, esta
propuesta no me ha gustado nada. Tenemos la típica base en estas historias, el
hombre “perfecto” que se encuentra con la chica normal o virginal y de quien no
puede despegarse porque lo tiene obsesionado. Ella tratará de cambiar su forma
bipolar de ser que se aqueja a un terrible secreto, secreto que para ser franca
en ninguna de las pocas historias que he leído de este rubro me ha dejado así como
que estupefacta y que sienta deba aplaudir de pie. Porque seamos francas, los
secretos que guardan estos hombres son bastante, bastante, baaaastaaaante
simples.
Es como cuando nos leímos
Crepúsculo y al girar la página, esperando el terrible cambio que Edward Cullen
le revela a Bella Swan, se ve completamente opacado el impacto y la historia
misma con el hecho de que él puede ser una esfera de disco, brillante y llena
de cristales que reflejan hermosas formas de luz con el sol. ¡Absurdo!
En fin, este Eric Zimmerman es un
pervertido posesivo a otra clase de nivel que Christian Grey. Resulta que a
este hombre lo que le gusta es el morbo, las orgías y ofrecer a su pareja a
otros hombres mientras él es testigo de todo.
No sé ustedes pero yo preferiría
unos azotitos a dejar que el idiota con el que me acuesto me ofrezca para tener
sexo con otro hombre. Yo paso sin ver. Aclaro que para todo hay gustos en este
mundo y muy respetable, pero a mí eso de compartir mi propiedad no me late.
Sí, será muy rico y muy bien
educado. Sabrá mucho de vinos y motos, de autos y lujos. Pero francamente me
dieron varias veces ganas de matarlo con sus cambios bipolares y desplantes.
Mira que llegar con la protagonista, cogérsela y largarse como si hubiese
pedido una pizza… again, cada quien.
De mí no va, no me gustó y no recomiendo el libro.
Único punto a favor… ¡La de cosas
que aprende uno! ¡Madre mía! Pero si se me ha caído la quijada con la cantidad
de movimientos de cadera que ese sujeto puede realizar.
Imaginación e inventiva para hacerlo... en definitiva si tiene.
Baci,
GinTonic.

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