viernes, 27 de diciembre de 2013

Eric Zimmerman

Pídeme lo quieras…


Vale pues no suena mal si tienes sobre ti un adonis desnudo dispuesto a complacerte ¿cierto chicas?

Eso es lo que vende Megan Maxwell con su aportación a todo este boom que ha provocado la “no tan mal vista ya” literatura erótica.

Pero si debo ser franca, esta propuesta no me ha gustado nada. Tenemos la típica base en estas historias, el hombre “perfecto” que se encuentra con la chica normal o virginal y de quien no puede despegarse porque lo tiene obsesionado. Ella tratará de cambiar su forma bipolar de ser que se aqueja a un terrible secreto, secreto que para ser franca en ninguna de las pocas historias que he leído de este rubro me ha dejado así como que estupefacta y que sienta deba aplaudir de pie. Porque seamos francas, los secretos que guardan estos hombres son bastante, bastante, baaaastaaaante simples.

Es como cuando nos leímos Crepúsculo y al girar la página, esperando el terrible cambio que Edward Cullen le revela a Bella Swan, se ve completamente opacado el impacto y la historia misma con el hecho de que él puede ser una esfera de disco, brillante y llena de cristales que reflejan hermosas formas de luz con el sol. ¡Absurdo!

En fin, este Eric Zimmerman es un pervertido posesivo a otra clase de nivel que Christian Grey. Resulta que a este hombre lo que le gusta es el morbo, las orgías y ofrecer a su pareja a otros hombres mientras él es testigo de todo.

No sé ustedes pero yo preferiría unos azotitos a dejar que el idiota con el que me acuesto me ofrezca para tener sexo con otro hombre. Yo paso sin ver. Aclaro que para todo hay gustos en este mundo y muy respetable, pero a mí eso de compartir mi propiedad no me late.

Sí, será muy rico y muy bien educado. Sabrá mucho de vinos y motos, de autos y lujos. Pero francamente me dieron varias veces ganas de matarlo con sus cambios bipolares y desplantes. Mira que llegar con la protagonista, cogérsela y largarse como si hubiese pedido una pizza… again, cada quien. De mí no va, no me gustó y no recomiendo el libro.

Único punto a favor… ¡La de cosas que aprende uno! ¡Madre mía! Pero si se me ha caído la quijada con la cantidad de movimientos de cadera que ese sujeto puede realizar.

Imaginación e inventiva para hacerlo... en definitiva si tiene.


Baci,

GinTonic.

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