lunes, 6 de enero de 2014

Llámalo como quieras

Soy católica. Pero aún cuando soy católica no tengo ningún conflicto con el resto de las religiones, de hecho personalmente me parece fascinante como otras culturas responden la pregunta que todos nos hacemos o nos hemos hecho en algún punto de nuestras vidas ¿Hay algo más grande que nosotros ahí afuera?

“Dios habla y uno escucha”

  Basílica de San Pedro - Ciudad del Vaticano, Roma


Kaaba - La Meca, Arabia Saudí


Muro de las lamentaciones - Jerusalén, Israel


En nuestros momentos de mayor necesidad, aquellos que nos inundan de miedo e incertidumbre, creyente o no, terminamos acudiendo a un ente superior para que nos proteja. Esperanzados en que algo más allá de nuestra comprensión pondrá misericordia en su mirada y nos ayudará a resolver o sobrellevar esa angustia que nos aqueja.
Es como una forma de buscar esa protección paternal o maternal.

Una omnipresencia que llamamos a través de cánticos o plegarias. ¿Importa realmente saber que religión es la “correcta”?

Soy afortunada de poder maravillarme con libertad absoluta de otras prácticas religiosas, gracias a la tecnología y a la globalización. Nadie tiene derecho a criticar lo que desconocido, a juzgar su validez por el miedo o el fanatismo.


¿Qué la iglesia católica le ha fallado a sus devotos? Es posible, es factible que no solo la iglesia católica sino cada una de las organizaciones. Pero es que estas no son divinas por sí mismas, las llevan hombres comunes, al fin y al cabo.

Devoción es igual de profunda y legítima, sea cual sea la religión que el devoto profese. La fe debe ser grande, sin importar las decoraciones o vestimentas de las imágenes a las que se les reza. La fe se lleva dentro de cada uno, no es lo que existe en la casa de tu religión.


Llevar una religión ayuda a comprender mejor tu existencia y tu función en este mundo.






Baci,

GinTonic

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