Ok, ok, ¿cómo va esto? ¿Me
presento? Sería lo más correcto ¿no?
Mi nombre no importa, díganme GinTonic
o solo Tonic o solo Gin. Si les sirve de ayuda mi nombre verdadero es italiano y suena
como si se pronunciara “Chinchilla” mil veces pero en agudo.
En fin, hace varios intentos de
escribir un blog, siempre con ideas modernistas y tratadas al alto vacío, osea…
con cuidado. Me frenaba a mi misma por el famoso “qué dirán” pero resulta que
mis novedosas letras libres no repercutían ni libres, ni novedosas y peor aún
distaban mucho de ser entretenidas.
Así que por azares del destino
surgió la motivación nuevamente de intentarlo, motivación que agradezco a nada más y nada menos que el mismísimo Hache, con todo y su misticismo.
En fin, esta vez en un mood distinto porque, digo, cuando se esta tan cerca del precipicio de los 30 años el pudor y la vergüenza se deben hacer a un lado.
En fin, esta vez en un mood distinto porque, digo, cuando se esta tan cerca del precipicio de los 30 años el pudor y la vergüenza se deben hacer a un lado.
¡Hahaha! ¿Y qué dijeron? ¡Este
blog es porno güey! PUES NO SEÑORES, es mi cruel y triste y chococrispeante
realidad (la palabra chococrispeante esta en lista de espera para entrar a la
RAE)
Y de una vez aclaro que por ahora
no habrá nada porno, erótico, sexy o similar a la vista. Y ni chillen que la
que vive en el convento soy yo, no ustedes.
En fin, la historia va así.
Una Tonic nace, crece, estudia,
estudia como negra, estudia como loca, estudia como Dios le ilumina y se
gradúa. Una Tonic se larga de viaje con sus poquitos ahorros y cuando regresa
se enfrenta con el cruel y frío mundo laboral. Una Tonic termina como en sus
peores pesadillas, enfrascada en un trabajo tipo… paleta de colores café/caqui,
es decir… sin chiste, ni gusto, ni clase.
No me malinterpreten, me gusta lo
que hago pero del me gusta al me apasiona hay como 40 minutos de
distancia en carro a través de la hermosa metrópoli que es la ciudad de México.
Pero así la vida (inserte aquí
suspiro lastimero) ¡Ya sé! Es pésimo efecto el insertar acciones pero es mi
recurso favorito, soy culpable.
Mi historia, mi pasado, mis
raíces, la fuente de mi maléfica mente es de plática larga de cafecito (pero
que por favor me dejen hablar, me acaba de suceder)
Y luego una Tonic empieza a
despegar el par de bellos ojazos negros que tiene del ámbito laboral para
decirle al romance “¡Hello! ¿Quiubo corazón? ¿Nos la jugamos again?”
Y nada, este diario es sobre mí,
sobre mis memorias, mis días actuales y mis sueños perversos de un futuro rosa
o negro de ensueños. Negro porque… soy algo rebelde con antecedentes góticos,
pero eso sí, siempre buena hija de familia.
¡Sí! ¡Soy ecléctica! ¿Es acaso un
pecado estar de acuerdo en estar inconforme de todo?
Baci,
GinTonic
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