lunes, 11 de noviembre de 2013

Resaca

Detesto organizar fiestas, yo nunca he sido anfitriona salvo cuando cumplí 25 años. ¡Ah! Porque cumplir un cuarto de siglo es un evento que debe celebrarse por todo lo ancho.

Y además estaba optimista, idealista, renovada, lista para comerme el mundo. Acababa de entrar a trabajar como coordinadora en un área recién creada llamada ERP y aún cuando no tenía ni p***a idea de lo que hacía el panorama pintaba prometedor.

Tenía nuevas amigas, muy divertidas y casi de mi edad. Así que cuando una de ellas pregunto qué iba a hacer para mi gran cuarto de siglo yo me quedé callada; porque yo no organizo fiestas, eventos, reuniones u similares, yo asisto –en contadas y selectas ocasiones- a fiestas, eventos, reuniones u similares.


Sin embargo, esta chica me animo a hacer algo. Así que me decidí a invitar a, quienes yo consideraba, mi circulo social. Es decir, mis amistades de universidad, idioma, servicio social, foro de lectura y trabajo. Además meses atrás había salido unas cuantas veces con un chico, amigo de una chica que conocí en el servicio social; por lo que era la oportunidad perfecta de “sonsacarlo” ¡grrr! Jajaja.

Hice uso de Facebook y mandé por la red el aviso de mi evento, fecha y horario, lugar y sugerencias de regalos de cumpleaños feliz, al menos tres semanas antes para evitar excusas/pretextos.


La primera semana… nada

La segunda semana… nada

La tercera semana un par de “tal vez asistirá” y eso fue todo, así que faltando unos días para el gran viernes de cumpleaños el pánico comenzó a apoderarse de mí y empezaron las llamadas directas.

Le Gin: “Hola señorita idiomas ¿te llegó mi invitación para mi cumple de este viernes?”
Le señorita idiomas: “Hola Gin, sí, pero tengo mucho trabajo y mi novio y yo ya tenemos un compromiso para el fin de semana. Lo siento mucho pero pásatela increíble”

:(

Segundo intento…
Le Gin: “¿Cómo esta mi lectora predilecta? Amiga hermosa dime que no me fallarás este viernes para mi cumple”
Le amiga hermosa: “Hola Gin Hermosa, no sé amiga estoy armando un proyecto escolar y…”
Le Gin: “sí, no te preocupes suerte con tu proyecto escolar”


Tercer intento…
Le Gin: “Mejor amigo ahora que nos reencontramos porque has decidido salir de nuevo al mundo ¿irás a mi cumpleaños?”
Le supuesto mejor amigo: “No Gin, es muy pronto para vernos y además…”
Le Gin: “¡ah! No, sí entiendo, no hay problema yo pensé…”
Le supuesto mejor amigo: “No Gin, aún necesito tiempo para dejar de pensar en ti… osea… ya sabes”
Le Gin: “Te digo que no hay problema, bye”

Cuarto intento…
Le Gin esperando tono de marcado… nada


Pero entonces, el chico de las citas extrañas llamó para saber qué onda con mi cumpleaños. Y ya no importó el resto de los invitados. Asegurados estaban los amigos del trabajo, como 6. Y este chico llegaría con un grupo de amigos, también contemporáneos de la misma alma mater. Y ya, no llamé a nadie más… salvo a otras 4 o 6 u 8 personas que me confirmaron “posibles asistencias”

.
.
.
.

Fue el peor cumpleaños que he tenido hasta ahora. Nadie de los que esperaba irían estuvo ahí, mis amigos de trabajo… en realidad solo buscaban un pretexto para elevar sus niveles y los míos de alcohol al punto resaca de muerte segura para mañana.

El chico “citas” solo quería divertirse, recuerdo que terminamos besándonos o más bien yo lo bese y aún cuando sé que estaba consciente al siguiente lunes me contaron de cosas que dije que no recuerdo haber dicho.
Jamás volví a ponerme una borrachera de esos niveles, claro que ahora ya sé que bebidas no me gustan, cuales me hacen daño terrible y cuáles no me dejarán una resaca de pesadillas.

Pero lo que más me dolió fue descubrir que nadie, ninguno de aquellos a quienes yo consideraba “mis amigos” se hizo el tiempo para pasar conmigo mi cumpleaños.

Triste y patético.

Mis amigas se cuentan con tres dedos de la mano derecha y una es mi hermana jajaja. Pero no les culpo, yo no soy una gran amiga. Así que no puedo exigir lo que no estoy dispuesta ya a dar.

Cuando era más joven, como por secundaria o preparatoria, mis amigas eran lo más importante. No sé qué sucedió que nos distanciamos, una de ellas me dijo una vez “no nos hagamos, si quisiéramos vernos nos veríamos pero ni yo te he buscado y tú tampoco”

Es lo que sucede cuando cedes a los caprichos de tiempo que marca tu familia.

Por esto yo no organizo eventos, cumpleaños o fiestas. Asisto a contados, por ejemplo no asisto a bodas para nada y tampoco a graduaciones (esto último por otro trauma existencial)

Será que… en lugar de haber cumplido 25 años aquel día ¿cumplí 50? ¡Qué agria! Necesito cursos de popularidad jajajajaja.




Baci,

GinTonic

No hay comentarios:

Publicar un comentario